Hace poco más de cuatro décadas la Shenzhen que conocemos no existía. Era una pequeña localidad fronteriza cuya economía giraba alrededor de la pesca y la agricultura. Sin embargo, actualmente alberga más de 18 millones de habitantes. Ocupa el segundo puesto mundial en número de rascacielos. Y cuenta con uno de los ecosistemas de electrónica más densos del planeta. Lo que puedes ver y vivir en la ciudad a día de hoy parece sacado de una película de ciencia ficción. Pero… ¿Cómo se explica una transformación tan radical en tan poco tiempo? Acompáñame a descubrir la evolución de Shenzhen antes y después.

Un experimento económico
En la costa sur de China, existía un tranquilo pueblo pesquero llamado Shenzhen. No tenía la población, las infraestructuras, ni la base industrial que asociamos hoy con ella. Pero tenía una ventaja extraordinaria: Hong Kong estaba justo al lado. Y en lugar de considerar esta frontera una limitación, Deng Xiaoping vió una oportunidad.
En 1980, durante el proceso de reforma y apertura del país, Shenzhen fue designada como la primera Zona Económica Especial de China. Entonces, se implementaron políticas económicas más flexibles, que la convirtieron en una puerta de entrada para atraer capital extranjero, tecnología y experiencia. Un experimento para abrirse al mundo que sin duda funcionó.
Durante los años siguientes comenzaron a llegar inversores, empresas y trabajadores procedentes de todos los rincones de China. Y se levantaron fábricas, carreteras, viviendas, oficinas, puertos y almacenes. A mediados de los 90 su población ya superaba los tres millones de habitantes.

Shenzhen no estaba creciendo, se estaba construyendo. Y a una velocidad increíble.
Porque no tenía siglos de historia industrial que proteger ni estructuras económicas que preservar. Podía experimentar y copiar lo que funcionaba en otros lugares.
El Silicon Valley Chino
El modelo inicial era sencillo: llegaba la inversión, se construían fábricas, se fabricaban productos y se exportaban.
Pero las fábricas necesitan proveedores. Los proveedores necesitan piezas. Y cada pieza requiere de maquinaria, trabajadores especializados y conocimiento técnico. Así que poco a poco se creó algo realmente poderoso: uno de los ecosistemas tecnológicos y de manufactura más densos del mundo.
Es decir, miles de empresas conectadas entre sí y concentradas en un mismo lugar, capaces de llevar la producción a una velocidad récord.

Shenzhen antes y después
En Shenzhen, un emprendedor puede llegar con una idea, encontrar los componentes necesarios, contactar con un fabricante y tener un prototipo en cuestión de días.
La distancia entre una idea y un producto se vuelve así extraordinariamente corta.
En menos de 40 años se convirtió en un lugar donde transformar ideas en productos era posible a una velocidad difícil de igualar.
Además de fabricar para otros, las empresas chinas se pusieron manos a la obra para desarrollar sus propias tecnologías y marcas. Ahora compañías como Huawei, DJI o BYD, que tienen sede en Shenzhen, son referentes globales en telecomunicaciones, drones, cámaras y vehículos eléctricos.
La mejor forma de entender hasta dónde ha llegado Shenzhen es visitándola. Te prometo que te sorprenderá. Aquí los drones sobrevuelan las calles para entregar comida. Puedes ver taxis sin conductor circulando con total normalidad. Los rascacielos brotan como bambú después de una lluvia primaveral.
Es como un viaje al futuro.
Y cuesta creer que hace 46 años nada de todo esto existía. Las fotos de Shenzhen antes y después parecen hechas con IA, pero de verdad que no lo son.
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Tour tecnológico en Shenzhen
Pide un bubble tea y espera a ver cómo te lo entrega un dron. Sube a un taxi sin conductor. Explora el gigantesco mercado electrónico de Huaqiangbei. Prueba una de las grandes joyas de su gastronomía: los dim sum. Pasea entre sus rascacielos. En definitiva, descubre cómo esta antigua aldea pesquera acabó convirtiéndose en una auténtica ciudad tecnológica. Y todo esto de la mano de un guía local que llevará tu experiencia a otro nivel.
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